Gracias
patrón, le agradezco mucho que me despidiera 44 días y que me pagara solamente
el 19% de mi salario. Sirvan esta líneas para mostrarle mi sometimiento y entrega en cuerpo y alma, a
los menesteres de esta nuestra empresa. Gracias por el desprecio y arrogancia
que muestra hacia mí, cuando me amenaza con sustraerme parte de mi sueldo si no
llego a los objetivos que usted se marca. Gracias por mirarme por encima del
hombro cada vez que nos cruzamos en un pasillo, ya que eso me recuerda donde
está mi sitio y de donde procedo. Gracias por vulnerar en ocasiones mi derecho
a la prevención y dejarme con el “culo al aire” en repetidas ocasiones. Por
todas estas grandezas y otras que mantengo omitidas, desde estas líneas muestro
mi más sincero sometimiento a sus designios y le hago saber, como en otras
ocasiones ya he demostrado, que dispone usted de esta marioneta, de cuyas
cuerdas le hago teniente, para que me
haga bailar al son que estime oportuno. Sepa usted patrón, que cuenta entre sus
filas con un obediente servidor redimido, que cumplirá con amor incondicional,
cualquiera que sea su deseo, por obsceno y contraproducente que resulte hacia
mí o mis semejantes.
Para
que todo lo anteriormente expresado no caiga en olvido y suene a banal
palabrería, estoy dispuesto a interiorizar la pleitesía y devolverle los
favores “prestados”, currándome unas horitas extras y, aprovechando la
temporada de rebajas actual, regalándole un voto positivo si hace otra de las
suyas y plantea un ERE.
No
se preocupe por mí, sabré camaleonizar mis intenciones de cara al resto de
compañeros/as, poniendo cualquier escusa y escudándome en alguna absurdez como:…”es
que el Comité no hace nada”,…”yo sólo hago por las horas de disfrute”,…”si no
las hago yo, las hará otro”,…”alguien tiene que hacerlo, si no lo
subcontratarán”,…”es que el permiso particular cuesta pasta”,…”pero ahora no
hay conflicto con la empresa ¿no?”…
Y
en atención a la bondad que usted desprende, agradecido nuevamente por las
migajas que deja caer al suelo, estoy dispuesto a permanecer en la fábrica las
horas que su dirección estime oportunas, contraviniendo si es preciso,
principios esenciales de la clase a la que pertenezco y poniendo en grave
riesgo la sostenibilidad de mi empleo y el de mis compañeros/as.
Como
punto final a esta declaración de hechos, acuda a mí siempre que lo necesite.
Incluso sin dar nada cambio, sabré agradecer sus propósitos y colaborar en el
ajuste abusivo que sufre esta plantilla, aún en tiempos de sobrecarga de
trabajo como el actual. Me pasaré si es conveniente por donde la espalda pierde
su nombre, las jornadas de lucha que otros compañeros/as más veteranos realizaron
para que YO y otros directivos no tan aclamados, hoy estemos aquí.
No
quiero extenderme más, me pongo a producir inmediatamente, no vaya a ser que
alguien me vea y me “piquen el boleto”.
GTI
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